Telediarios para la piara – Por Juan Manuel de Prada

Por Juan Manuel de Prada

Me ha resultado muy instructivo asomarme en estas fiestas navideñas a los noticiarios televisivos o telediarios que se ofrecen en los distintos canales, públicos y privados. Al estar los politiquillos de vacaciones, desaparece por completo la información política; donde queda otra vez demostrado que bajo regímenes degenerados como el nuestro, no existe vida política propiamente dicha, sino que son los negociados ideológicos los que ‘producen’ noticias que creen pasiones inútiles y divergentes sin otro fin –Simone Weil lo percibió preclaramente– que «chocar entre sí con un ruido verdaderamente infernal que hace imposible que se oiga, ni por un segundo, la voz de la justicia y de la verdad». Al desaparecer por unos días la ‘producción’ de noticias de los distintos negociados ideológicos, uno descubre que los telediarios de los distintos canales son copias exactas; descubre que promueven los mismos modelos de vida; descubre que postulan el mismo nihilismo psicótico embadurnado de almíbar; descubre que conducen a las masas cretinizadas a los mismos rediles. Así vuelve a probarse que la demogresca ‘producida’ por los negociados ideológicos no es otra cosa sino el ‘macguffin’ del régimen protervo que nos esclaviza.

Las noticias de los noticiarios televisivos, a falta de rifirrafes politiquillos, se dividen en dos. Por un lado, las noticias que exaltan formas de vida narcisistas, consumistas, completamente memas y estériles: se dedican reportajes a la iluminación navideña, a los escaparates navideños, al turismo navideño, a los regalos navideños, expulsando cualquier imagen que evoque, aunque sea remotamente, la naturaleza religiosa de la Navidad; y también se recuerda a la gente que, después de los atracones navideños, debe ponerse a dieta, debe inscribirse en el gimnasio, debe vigilarse el colesterol o las endorfinas, debe vacunarse para no caer en las garras del virus (de laboratorio) de turno. Estas exhortaciones a una vida saludabilísima, risueña y gilipollas se complementan con otro tipo de noticias que buscan infundir temores desquiciados entre la población: se magnifican las nevadas y los temporales (hay que mantener viva la paranoia climática), se magnifican las plagas y epidemias (hay que mantener engrasada la industria farmacéutica), se magnifican hechos inanes como la irrupción de un jabalí en las pistas de aterrizaje de un aeropuerto para justificar su cierre (hay que hacer creer a la pobre gente alienada que el régimen los protege, garantiza su seguridad y vela por sus vidas).

Se trata, en fin, de crear una sociedad absorta en golosinas y juguetes que le brindan una felicidad bobalicona y a la vez agitada por inquietudes artificiales que garanticen su manipulación, fiscalización y medicalización. Una sociedad de gurruños de carne entregados a diversiones para retrasados mentales y atenazados por miedos paranoides. Una sociedad convertida en piara sin alma, sin amor, sin familia y sin Dios.

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