Páginas sueltas para pensar Humana mente (III) – Por Ricardo Vicente López

3.- Páginas sueltas para pensar Humana mente

Por Ricardo Vicente López

I. Propongo ahora comenzar a reflexionar acercándonos a la filosofía. Para ello diré algunas cosas más del pensador latino que escribió esta frase ya citada: “Soy hombre y nada de lo que es humano me es ajeno”. La leí hace muchos años, y me impresionó mucho por expresar con una sencillez casi angelical una verdad casi olvidada. La he guardado para utilizarla en cada ocasión en la que, me parece, ayuda a pensar el problema de lo Humano,, sobre todo en los tiempos que corren. Lo que sorprende es saber que el autor, Terencio (194-159 a. C), era un esclavo norafricano, cuyo dueño, el senador Terencio Lucano, de quien adoptó su nombre, lo liberó en Roma, cuando Terencio era muy joven, por la admiración que le generaban sus extraordinarias cualidades. ¿Por qué comenzar con este comentario? Porque, como dije, la sorpresa que me produjo leer esta frase sencilla, preñada de un humanismo simple pero profundo, por lo que dice y por quien lo dice, un esclavo liberto, que quiso proclamar que se sentía humano, muy humano, por lo cual todo lo humano le interesaba.

Hoy si alguien afirmara eso probablemente lo tomarían por tonto o por loco. Sin embargo él colocó y reivindicó su condición humana como base de su filosofía: su vocación por servir al hombre en tanto tal: equivale a decir a todo el hombre y a todos los hombres. Definir su posición ante el mundo en su condición de ser humano, lo coloca hoy como un temprano predicador del humanismo. Esa base de su pensamiento lo lleva a la afirmación: “nada de lo que esté relacionado con lo humano puede serme ajeno”. Es decir, que el centro de sus preocupaciones y de los temas que va a pensar estará siempre relacionado con lo humano y por lo más humano de lo humano. A partir de ello construyó su filosofía. ¡Qué ejemplo para nosotros! Casi a tres mil años después de ello vivimos y actuamos manteniéndonos, por regla general, a una distancia egoísta, desconfiando del “otro”, de nuestros semejantes.

II.- La persona que se plantó ante el mundo romano como predicador de sus convicciones y, tal vez por su condición de haber nacido esclavo, lo llevó a pensar que el humanismo era posible solo bajo la condición de ser libre. ¡Qué bien le vendría a los “libertarios de hoy” que predican una libertad egoísta conocer a Terencio y reflexionar respecto de esta frase de ese pensador y escritor latino. Me parece un muy buen punto de partida, que ayuda a pensar el problema del Hombre, desde la esencia misma de lo humano. Y es tanto más necesario en estos tiempos en los que un “antihumanismo rampante” amenaza con ataques arteros la convicción de los que queremos predicarlo y encarnarlo. Encuentro, que esa sencillez de quien, tan tempranamente en la Historia de los hombres, nada menos que un esclavo a quien premió con su admiración emancipándolo.

¿Por qué comenzar con este comentario? Porque la comparación de esa calidad de ética humana en las palabras de un esclavo, hace casi treinta siglos, al ponerlas en paralelo con las bestialidades que se oyen, hoy pregonadas por esas personas cargadas de odio que expresan ciertos dirigentes sociales y políticos, de variada especie, me produce asombro y miedo. Me lleva a preguntarme qué diría Terencio si viviera hoy. Creo que se subiría el primer “transporte espacio-temporal” para volver a la Roma de los últimos siglos anteriores a nuestra era.

III.- El problema central de hoy, y causa profunda de este “anti-humanismo”, es que está ignorado por la información pública cotidiana, en manos de los medios concentrados, cuyos intereses son mortales enemigos de los humanistas. Por lo tanto por la conversación diaria y, lo que es más grave aún de las aulas de todos los niveles. Es que, en estos tiempos de fin de una era: la Modernidad, nos estamos hundiendo por el imperio de una versión del “capitalismo”, con resultados que opacan, por mucho, su versión original de fines del siglo XIX en Europa.

En estas últimas décadas, acordes con esa deshumanización se enseñorea sobre Occidente el capitalismo salvaje [1] del neoliberalismo. Sin embargo, cuando retrotraemos nuestros pensamientos sobre este tema podemos detectar que las condiciones socio-políticas ignoraban la herencia del humanismo; éste era un ausente en las conversaciones de entonces. Sin embargo, en los sesenta y setenta, del siglo pasado, eran insoslayables en los debates políticos. Amigo lector le traslado a Ud., la interpelación que me hago: ¿No debiéramos preguntarnos qué pasó para que desapareciera y ahora su ausencia se presenta en todo su esplendor? Veamos:

«Hay una palabra que comenzó a usarse en las últimas décadas del siglo pasado, aunque sin mucho entusiasmo: “naturalización” de los fenómenos sociales, económicos y políticos. Hoy ha adquirido patente cotidiana, como actitud ante la miseria que nos rodea. La naturalización de lo socio-histórico es un concepto sociológico (desarrollado por autores como Josep Vicent Marqués González, este sociólogo, escritor valenciano. Licenciado en derecho.) que describe el fenómeno por el cual percibimos los hechos sociales, las costumbres y las estructuras de la sociedad como algo «natural», «normal» o «inevitable», cuando en realidad son productos de la historia y la cultura».

La negación de la historia, al naturalizar un hecho, olvida que hubo un proceso de lucha, acuerdos o cambios que lo originaron. Por ejemplo, la jornada laboral de 8 horas no es «natural»; es el resultado de movimientos sociales históricos.

IV. – Algunas corrientes del liberalismo asumieron esa concepción de la Historia como es el caso Francis Fukuyama, autor de El fin de la historia y el último hombre de 1992. Expone una polémica tesis: la historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría. Este modo fatalista de entender los procesos de la historia le quitan a a los procesos socio-políticos el alma que los mueve y lo azaroso de muchos de sus novedades.

Esa vigencia la abrió las puertas al ingreso a nuestro vocabulario de otro concepto político que se quedó en nuestra compañía, irrespetuosamente. Y parece que fue aceptado sin más presentaciones. El espacio informativo abusa de él sin más explicaciones. Este nuevo “invitado por nadie” pero que ya es de la familia de la Academia es la “globalización”. Veamos qué dice la Academia de esta última:

«Difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres; proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos».

Wikipedia la define así, ignorando el peso del dominio de la financiarización de la economía:

«La globalización es un proceso económico, tecnológico, político, social, empresarial y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por la sociedad, y que ha abierto sus puertas a la revolución informática, llegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones nacionales e internacionales».

Sin embargo, este tema fue central en los sesenta y setenta, del siglo pasado, y era insoslayable en los debates políticos. ¿No debiéramos preguntarnos qué pasó para que desapareciera? Veamos:

Hay una palabra que comenzó a usarse en las últimas décadas, aunque sin mucho entusiasmo: “naturalización” de los fenómenos sociales, económicos y políticos. Otro caso similar que, sin embargo pasa desapercibido por lo general, es la “globalización”. Veamos qué dice la Academia de esta última:

«Difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres; proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos».

Wikipedia lo define así, ignorando el peso del dominio de la financiarización de la economía:

«La globalización es un proceso económico, tecnológico, político, social, empresarial y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por la sociedad, y que ha abierto sus puertas a la revolución informática, llegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones nacionales e internacionales» (continuará)

1 Escribí en esta misma página varias columnas tituladas El capitalismo salvaje y la opinión pública.

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