
Por Juan Manuel de Prada
Siguiendo con la tradición asentada por sus predecesores de izquierdas y derechas, el doctor Sánchez se dispone a regularizar más de medio millón de inmigrantes, acaso hasta ochocientos mil. Muchos de ellos dispondrán, además, de nacionalidad española en unos pocos años, argumento que se está empleando para afirmar que esta regularización trata de alterar el mapa electoral. Pero esa alteración no es inmediata; así que tiene que haber otra razón más perentoria y dañina (pues nadie debe dudar que todo lo que el partido de Estado urde es con intención maligna). Prueba de ello son las razones grimosas que esgrimen desde el negociado de izquierdas: que si los inmigrantes son quienes pagan nuestras pensiones, que si los inmigrantes son los que hacen los trabajos que los autóctonos repudian, etcétera. Repugna escuchar tales bazofias, tan racistas y clasistas y, a la vez, tan burdamente falaces: precisamente porque a los inmigrantes se les asignan trabajos mal remunerados se convierten en cotizantes cuyas contribuciones resultan por completo insuficientes para garantizar el sistema de pensiones. Y, entretanto, su llegada masiva garantiza servicios públicos cada vez más degradados y saturados.
Para entender la razón verdadera de esta regularización masiva hay que entender previamente que el partido de Estado es un lacayo al servicio de la plutocracia; si uno cultiva distorsiones cognitivas grotescas, de derechas (pensando que es un partido «socialcomunista») o izquierdas (pensando que es un partido con inquietud social), no entenderá nada. El partido de Estado promueve esta regularización para atender la demanda del reinado plutocrático mundial, que para poder seguir engordando necesita un «ejército de reemplazo» procedente de arrabales del atlas condenados a la miseria o a la guerra (que la misma plutocracia provoca), al que cobrar un sueldo birrioso en lejanas tierras se le antoje un nuevo Eldorado. Se trata de saturar el mercado de trabajo de mano de obra barata y precaria que garantice altos beneficios empresariales; de ahí el alborozo con que la patronal ha acogido el anuncio de la regularización. Mano de obra barata a la que, además, se pueda explotar más fácilmente que al trabajador autóctono (siempre tan resabiado o tiquismiquis), para poder seguir hundiendo los salarios medios; no olvidemos que, mientras se promueven los flujos migratorios, el salario mínimo ya se ha convertido en el sueldo más habitual en España. Y todo ello, mientras se mantiene un paro estructural que obliga a cientos de miles de jóvenes españoles a emigrar para encontrar un trabajo digno.
Esta es la razón inmediata por la que las sabandijas del partido de Estado se disponen a regularizar más de medio millón de inmigrantes. Son chusma al servicio de la plutocracia; y, además, garantizan la paz social, pues los pobres sufridores de sus cabronadas les votan para –’risum teneatis’– «frenar el fascismo». That’s all, folks.

