
Una impactante revelación ha surgido de los denominados “Epstein Files”, documentos desclasificados que exponen una coincidencia temporal precisa entre una acción judicial federal y una transacción comercial inusual vinculada a Jeffrey Epstein. El 6 de diciembre de 2018, se registraron dos eventos que, según los registros, ocurrieron el mismo día y han despertado interrogantes sobre las actividades en su isla privada.
Ese día, el FBI abrió formalmente una investigación por tráfico sexual de menores contra el financista Jeffrey Epstein. La apertura del caso marcó un nuevo capítulo en el escrutinio federal sobre sus operaciones, tras años de denuncias y un polémico acuerdo judicial previo en Florida.
Simultáneamente, la empresa asociada a su isla Little St. James realizó una transferencia bancaria por 4.373,17 dólares destinada a la compra de seis tambores de 208 litros cada uno de ácido sulfúrico. El pedido totalizaba unos 1.249 litros del potente corrosivo y fue enviado directamente a la remota isla caribeña propiedad del magnate.
La exacta sincronía entre la apertura de la pesquisa y la adquisición del ácido ha generado especulaciones sobre su posible uso para destruir evidencias, dada la capacidad del compuesto químico para disolver materiales orgánicos, incluidos cuerpos humanos. Aunque no existen confirmaciones oficiales sobre el destino final del producto, el timing ha alimentado teorías sobre protocolos de contingencia en el entorno de Epstein.
Estos detalles, extraídos directamente de los archivos judiciales, forman parte de una serie de documentos que continúan emergiendo y que mantienen viva la controversia en torno a la red de relaciones y actividades del fallecido empresario. La información subraya la opacidad que rodeó muchas de sus operaciones hasta el final.


