
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, falleció la mañana de este sábado en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra el país persa, según han confirmado los medios estatales de la República Islámica.
«En el momento del asesinato, él [ayatolá Jameneí] estaba cumpliendo con sus deberes en su lugar de trabajo (su oficina), y este ataque cobarde ocurrió en las primeras horas de la mañana del sábado», reza el comunicado citado por medios locales.
El Gobierno iraní ha anunciado un duelo nacional de 40 días por el fallecimiento del máximo líder.
Pocas horas antes de confirmarse oficialmente el deceso, el presidente estadounidense, Donald Trump, ya había anunciado la muerte de Jameneí.
El mandatario escribió en Truth Social que Jameneí «no pudo eludir» los sofisticados sistemas de inteligencia y rastreo del Pentágono y que, «gracias a la estrecha colaboración con Israel, ni él ni los demás líderes que han sido asesinados junto a él pudieron hacer nada al respecto».
Menos de 10 minutos antes de la publicación de Trump, en la cuenta oficial en X de Jameneí apareció un dibujo que representa a un guerrero musulmán descendiendo desde el cielo con una espada resplandeciente en la mano y fuego cayendo. «En nombre del noble Alí, que la paz sea con él», reza el comentario.
En un comunicado, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) ha expresado sus condolencias por el martirio del Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, en el mes de Ramadán “a manos de los más malvados terroristas y verdugos de la humanidad”, y ha indicado que su martirio por estos terroristas “es un signo de la legitimidad de este gran Líder y la aceptación de sus sinceros servicios”.
“El martirio en el camino del Islam y de un gran Irán es señal de victoria y de acercamiento a la meta; pero con el martirio y el ascenso hacia Alá del Imam Jamenei (que Dios esté complacido con él), su camino y su carácter no se detendrán y continuarán con poder y gloria”, ha agregado.
Alí Jameneí nació el 17 de julio de 1939 en la ciudad de Mashhad y desde su niñez se dedicó a los estudios islámicos. Asistió a seminarios religiosos en su ciudad natal, un centro de gran importancia religiosa para el chiismo, y más tarde peregrinó a la ciudad iraquí de Náyaf, donde continuó su formación durante varios meses. Sin embargo, poco después regresó a Irán por exigencia de su padre. Entre 1958 y 1964, estudió jurisprudencia y filosofía en la ciudad de Qom.
En 1962, Jameneí se unió al movimiento de oposición al Gobierno del ‘sha’ Mohammad Reza Pahleví y se convirtió en una de las personas clave de la Revolución iraní. Como consecuencia de su actividad antigubernamental, fue arrestado varias veces.
En vísperas del derrocamiento del ‘sha’ Pahleví, empezó a formar parte del Consejo de la Revolución Islámica, que se convirtió en un centro de poder alternativo al Gobierno y luego contribuyó a la creación del Partido de la República Islámica.
Después del triunfo de la Revolución iraní, se ocupó de la formación de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, una rama de las Fuerzas Armadas que tiene como tarea proteger el sistema político de la República Islámica, prevenir la interferencia extranjera y los golpes de Estado. Jameneí fue el comandante de esta estructura desde diciembre de 1979 hasta febrero 1980, al mismo tiempo que ocupaba el puesto de viceministro de Defensa.
En 1980, tras el inicio de la guerra de Irán-Irak (1980-1988), Jameneí fue designado como representante del entonces ayatolá Ruhollah Jomeiní en el Consejo Superior de Defensa, responsable de formular las políticas en el ámbito de defensa y seguridad.
La nueva dirección política de Irán se encontró con la oposición de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán, un grupo de izquierda radical que tenía como objetivo derrocar a la República Islámica. El 27 de junio de 1981 el grupo perpetró un atentado contra Jameneí colocando en una mezquita de Teherán una bomba camuflada en una grabadora de casete que explotó cuando estaba pronunciando un discurso. El estallido provocó que Jameneí perdiera para siempre el movimiento del brazo derecho.
En 1981, tras la muerte del presidente del país, Mohammad Alí Rayaí, en un atentado con bomba organizado por los Muyahidines del Pueblo de Irán, Alí Jameneí, apoyado por la Guardia Revolucionaria y el clero iraní, presentó su candidatura en las elecciones presidenciales anticipadas.
Inicialmente, el ayatolá Jomeiní consideró que el presidente debía ser una persona con educación laica, pero debido a la gran popularidad de Jameneí y la difícil situación que atravesaba la política interna del país, finalmente dio su visto bueno a la candidatura.
Tras obtener más del 95 % de los votos, Alí Jameneí se convirtió en el primer representante del clero en ocupar el cargo presidencial. En 1985, fue reelegido para un segundo mandato con más del 85 % de los votos.
Bajo la presidencia de Jameneí, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica evolucionaron de una milicia popular a una guardia de élite, lo que le granjeó al mandatario el respeto de los militares y le permitió fortalecer su posición en el país.
Jameneí se desempeñó como presidente hasta 1989.
Años antes, en medio del deterioro de salud del ayatolá Jomeiní, se planteó la cuestión de su sucesión y se consideró que Alí Jameneí sería un candidato adecuado para este papel, pero había un obstáculo.
De acuerdo con la Constitución vigente en aquel momento, solo las personas con el título de ayatolá podían convertirse en el líder supremo de Irán, y Jameneí tenía en ese entonces el título de hoyatoleslam, de rango inferior a ayatolá.
En estas condiciones, Jomeiní impulsó un proceso para introducir cambios en la carta magna que permitieron convertirse en líder supremo a cualquier persona que fuera experto en derecho islámico y tuviera habilidades de gestión.
Cuando Jomeiní falleció en 1989, Jameneí fue nombrado nuevo líder supremo de Irán.
En el nuevo cargo, Alí Jameneí organizó un referéndum que le otorgó más control sobre las fuerzas militares, el Parlamento y el Gobierno, así como sobre el sistema judicial y los medios de comunicación del país.
El líder supremo de Irán se ganó la reputación de conservador por sus posturas antiestadounidenses y antiisraelíes. De EE.UU. dijo que «representa una amenaza para la paz y la seguridad mundiales», instando en más de una ocasión a eliminar a Israel como Estado.
Durante su liderazgo, empezó a formarse en Oriente Medio el llamado Eje de la Resistencia, impulsado por Teherán, que actuó para combatir la influencia de Israel y EE.UU. en la región.
A pesar de su dura postura respecto a Israel y EE.UU., entre sus características clave a menudo se mencionan su capacidad de hacer concesiones y una ‘flexibilidad heroica’ para alcanzar sus objetivos y garantizar la supervivencia de Irán.
Estas características se manifestaron especialmente cuando aceptó en 1988 el alto el fuego en la guerra contra Irak tras ocho años de combates, así como cuando aprobó el acuerdo nuclear firmado en 2015, que dio como resultado la mitigación de sanciones contra la nación persa, y cuando acordó reanudar las conversaciones sobre un nuevo pacto nuclear que tuvieron lugar en primavera de este año.

