
Por Thierry Meyssan
El 21 y el 22 de junio de 2025, la fuerza aérea estadounidense bombardeó las instalaciones nucleares de Irán, por orden del presidente Donald Trump. Oficialmente se trataba de privar a Irán de la posibilidad de producir armas nucleares. En realidad, el presidente Trump estaba eliminando el pretexto que Israel podía utilizar para justificar el uso de armas nucleares contra la República Islámica, posibilidad que varios políticos ya habían mencionado.
En todo caso, el Pentágono estadounidense comprobó entonces que aquellas instalaciones iraníes estaban enterradas tan profundamente que sus bombas no podían alcanzarlas. Por cierto, nadie se ha atrevido a hablar de las consecuencias que habrían tenido aquellos bombardeos si las bombas estadounidenses hubiesen alcanzado realmente esas instalaciones nucleares.
El resultado de aquellos bombardeos debería haber llevado Washington a interrogarse sobre su capacidad para derrocar el gobierno de Teherán y, principalmente, sobre la pertinencia de toda la estrategia estadounidense.
En el momento de conformar su administración, el presidente Trump había aceptado que su vicepresidente, J.D. Vance, pusiera uno de sus amigos, Elbridge Colby, como subsecretario de la Guerra. Colby ya había sido miembro de la administración Trump bajo el primer mandato del presidente y había explicado a este su “teoría de la negación”, tendiente a garantizar que China no llegara a convertirse en una potencia superior a Estados Unidos. Según la visión de Elbridge Colby, no se trata de luchar militarmente contra China sino de “negarle”, o sea cerrarle, el acceso a la energía y a las materias primeras necesarias para su desarrollo [1].
Elbridge Colby es la única personalidad vinculada a la era Obama-Biden que ha logrado hacerse un espacio en las administraciones del presidente Trump –antes fue un personaje influyente en la política de los demócratas hacia Irán y trabajó para WestExec Advisors, la firma de Antony Blinken, el secretario de Estado de la administración Biden.
A partir de los bombardeos que ordenó contra las instalaciones nucleares de Irán, Donald Trump comenzó a modificar su retórica. Hasta entonces Trump se había preocupado sobre todo de tratar de salvar el dólar de la deuda abismal de Estados Unidos, había solicitado el apoyo financiero de Emiratos Árabes Unidos y de Arabia Saudita y multiplicado las declaraciones apresuradas asegurando que no tenía problemas de fondos. También había anunciado inversiones faraónicas para proyectos como su “Cúpula dorada” (defensa antimisiles) y su “Flota dorada” para la US Navy. En realidad, Trump estaba dibujando castillos en el aire –las monarquías del golfo Pérsico ya consumieron sus reservas en efectivo y los proyectos de armamento ni siquiera tienen visos de comenzar a concretarse.
Elbridge Colby se acercó entonces al director de la CIA, John Ratcliffe, para planear cómo “negarle” a China el acceso a los recursos. Elbridge Colby es nieto de William Colby, el director de la CIA del presidente Richard Nixon. Fue su abuelo quien plagó Latinoamérica de dictaduras militares, junto con el general francés Paul Ausaresses [2].
En septiembre-octubre de 2025, Colby y Ratcliffe envían a Qatar agentes encargados de reunirse allí con la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, y con Yussef Abou Nassif Smaili, el compañero sentimental de la dirigeante venezolana. Se trata de tantear el terreno para determinar cómo podría Delcy Rodríguez ayudar a poner fin a la dirección autoritaria del presidente Nicolás Maduro [3].
Luego de verificar que la vicepresidente está en condiciones de controlar la situación en Caracas, el SouthCom estadounidense [4] se encarga de preparar el secuestro del presidente de Venezuela mientras que la CIA se ocupa de hacer creer a la opinión pública que Estados Unidos trata de poner fin a un tráfico de droga. Para satisfacer esa necesidad propagandística, la marina de guerra estadounidense simplemente ataca y destruye en el mar embarcaciones que supuestamente transportaban droga. Pero el verdadero objetivo final de todo esto es garantizar que China no tenga acceso al petróleo de Venezuela… como aconseja Elbridge Colby en su “estrategia de la negación”. El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses secuestran al presidente de Venezuela en medio de una operación que incluye bombardeos contra Caracas, la capital, y contra otras ciudades venezolanas.
Pero el subsecretario de la Guerra Elbridge Colby y el jefe de la CIA John Ratcliffe también preparan otra operación. Esta vez se trata de privar a China del acceso al petróleo de Irán, que representa un 40% de las importaciones chinas vinculadas a la producción de la energía. Con ese objetivo, el subsecretario de la Guerra y el jefe de la CIA recurren a sus contactos en Israel para sugerir al primer ministro, Benyamin Netanyahu, que Washington le dará vía libre si decide atacar Irán. Por supuesto, Netanyahu propone inmediatamente a Estados Unidos organizar un “cambio de régimen” en Irán.
Tanto el subsecretario de la guerra Elbridge Colby como el jefe de la CIA John Ratcliffe tienen la íntima convicción de que no habrá cambio de régimen en Teherán y de que Irán no pretende obtener la bomba atómica. Pero el verdadero objetivo de estos dos personajes no es otro que “estrangular” la economía china. El presidente Trump está convencido de que los países de la OTAN ayudarán, una vez más, a orquestar un cambio de régimen en Irán… y logra que Francia garantice el entrenamiento, en Irak, de francotiradores kurdos que se encargarán de disparar simultáneamente contra manifestantes y policías, durante las manifestaciones inicialmente pacíficas iraníes de diciembre de 2025 y enero-febrero de 2026, para provocar «la caída de los ayatolas». Mientras tanto, otro miembro de la administración estadounidense, el secretario del Tesoro Scott Bessent, organiza la quiebra del banco iraní Ayandeh [5], donde están depositados los ahorros de la gran mayoría de los comerciantes “del bazar”.
El 23 de octubre de 2025 el banco Ayandeh se declara en bancarrota. Sus clientes, algunos ricos comerciantes “del bazar” iraní, bruscamente arruinados, se lanzan a las calles… pero nadie cuestiona “el régimen”. En enero de 2026, los francotiradores kurdos secretamente infiltrados en Irán comienzan a asesinar simultáneamente policías y manifestantes. Cada bando cree que el otro lo agrede, cuando en realidad el autor de los disparos es un tercer bando que los ataca subrepticiamente.
Donald Trump proclama entonces que no permitirá que los Guardianes de la Revolución asesinen a los manifestantes. En los países occidentales, la opinión pública, convencida de que no ser occidental equivale a no ser civilizado, apoya la «defensa de la democracia». La mesa está servida. Israel, que siente el mayor desprecio por cualquier líder religioso no judío, asesina al Guía Supremo iraní. Estados Unidos sigue inmediatamente los pasos de Israel en su agresión contra Irán.
Pero nadie había previsto lo que sucede a continuación. Irán se ha preparado durante 48 años para enfrentar a las potencias coloniales. Los bombardeos israelo-estadounidenses logran decapitar la alta dirección iraní… pero nuevas cabezas surgen de inmediato. Esto no es sorprendente: en 1981, la organización terrorista Muyahidines del Pueblo logró asesinar de un golpe 70 dirigentes iraníes del más alto nivel, incluyendo al número 2 del país, el ayatola Seyyed Mohammad Hosseini Beheshti, y una decena de ministros, pero todos fueron reemplazados en dos días.
Peor aún, anticipando desde hace mucho la agresión, Irán, en una respuesta militar cuidadosamente preparada durante años, abre fuego contra las bases militares de Estados Unidos en la región. En pocas horas, Irán pone fin a la supremacía aérea occidental destruyendo el súper radar estadounidense que vigilaba todo el Medio Oriente [6]. Y después destruye los aviones-radares AWACS, también estadounidenses, que debían compensar la ausencia del súper radar terrestre destruido. Estupefactos, los militares estadounidenses van a demorar cierto tiempo en entender que Irán dispone de un satélite que le permite vigilar toda la región. [7]. Estados Unidos está ciego mientras que Irán ve toda la región. La respuesta militar de Irán es tan espectacular que la opinión pública iraní cierra filas contra los agresores israelo-estadounidenses. Toda una generación de iraníes solicita enrolarse en el basij [una milicia popular] y en el Cuerpo de Guardianes de la Revolución.
En el plano diplomático, el Departamento de Estado de Estados Unidos se muestra tan ineficaz como el Departamento de la Guerra en el campo de batalla. Irán enarbola una resolución de la Asamblea General de la ONU, adoptada en diciembre de 1974, cuyo texto demuestra que el derecho internacional está del lado iraní [8]. Teherán subraya que, a la luz de esa resolución de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad violó el derecho internacional al condenar la respuesta militar de Irán hacia los Estados del golfo Pérsico. Estos últimos persisten en denunciar los ataques iraníes, pero acaban dándose cuenta de que durante años cometieron un grave error. Creyeron que al acoger bases militares de Estados Unidos en sus territorios garantizaban su propia seguridad y se prosternaron por décadas ante una potencia que hoy los arrastra a una guerra que no les pertenece.
En Occidente, las potencias de la OTAN, viendo que el conflicto no tiene solución por la vía militar, ya no responden a los llamados de Estados Unidos, aunque sí participaron antes en la preparación de los asesinatos de manifestantes iraníes.
En China, Pekín rectifica la orientación de sus misiles –ya no apuntan a Taiwán sino hacia las bases militares de Estados Unidos en la región Indo-Pacífico [9].
En definitiva, el mundo entero se adapta a la parálisis estadounidense.
Y para colmo, las embajadas de Irán en todo el mundo divulgan breves videos que caricaturizan las vociferaciones de Donald Trump. El humor de los iraníes hace que la opinión pública mundial se ponga en contra de los agresores israelo-estadounidenses.
Quien se equivoca y se niega a reconocer su error prácticamente siempre acaba yendo todavía más lejos en su error inicial. Los primeros bombardeos no dieron los resultados esperados, así que Donald Trump decide… intensificarlos hasta que los iraníes cedan [10]. E incluso decide bloquear, él también, el estrecho de Ormuz. El problema es que, en medio de toda esta situación, las municiones comienzan a escasear y el Pentágono se ve obligado a “rascar el fondo del barril”, trasladando al golfo Pérsico armas que retira de otros teatros de operaciones.
Al optar por la escalada, Donald Trump muestra su derrota, si los bombardeos “clásicos” no dan resultado contra “el régimen” de Irán, ¿habría que recurrir a la bomba atómica? No una bomba estratégica, como las de Hiroshima y Nagasaki, sino una bomba táctica. El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, se opone y hace saber al presidente que no permitirá que se recurra al fuego nuclear [11]. Donald Trump se ve obligado a tratar de salvar las apariencias ante la prensa.
El presidente Trump no puede hacer otra cosa que tomar nota del fracaso de Estados Unidos. Durante el análisis, se da cuenta de que su enfoque de empresario, su manera personal de negociar y su ideología jacksoniana, que consiste en reemplazar la guerra por el comercio, no le permiten reaccionar correctamente. Va a tener que cambiar de casaca. Por eso decide tratar de atraer a los partidarios de una ideología más clásica y para eso rebautiza el Old Executive Building, anexo a la Casa Blanca, como “Sala Henry Clay” [12]. Henry Clay (1777-1852) fue el principal adversario político del presidente Andrew Jackson.
Hace 3 semanas que la base del movimiento MAGA ha comenzado a alejarse del presidente Trump. Muchos de sus antiguos seguidores ahora hablan abiertamente de declarar al presidente no apto para gobernar y de poner en su lugar al vicepresidente J.D. Vance.
El 25 de abril, a las 20 horas y 30 minutos, un individuo armado trata de penetrar en el salón donde los principales responsables de la administración Trump recibían a los corresponsales de la prensa acreditada en Washington. El Secret Service, dedicado a la protección de las personalidades, evacúa apresuradamente al presidente, su familia, y la cúpula del gobierno. El primer evacuado no fue el presidente Trump sino el vicepresidente J.D. Vance. ¿Puede ser eso un mensaje?

