
Por Juan Manuel de Prada
A nadie le habrá pasado inadvertido que, en un reciente mitin en Soria, el doctor Sánchez proclamó su orgullo de ser español, mientras en el escenario aparecía una gigantesca bandera rojigualda. Por supuesto, toda aquella parafernalia patriótica era un trampantojo. Pero no podemos negar que el doctor Sánchez empieza a conectar con lo que Machado llamó el «macizo de la raza».
Como explicábamos el otro día, el ‘¡No a la guerra!’ del doctor Sánchez es pura pamema y aspaviento que refutan los hechos. Desde la base de Rota han partido buques y aviones estadounidenses con destino a la zona del conflicto, sin pedir ningún tipo de autorización al Gobierno español; y el envío a Chipre de una fragata dotada de radares y defensas antiaéreas muy sofisticadas constituye un apoyo explícito a la Alianza Epstein, que de este modo puede ‘liberar recursos’ en el Mediterráneo oriental. Pero, como ya demostró en la pasada cumbre de la OTAN (donde suscribió el acuerdo para destinar un 5 por ciento del PIB a gasto militar, tal como exigía Trump), el doctor Sánchez tiene el cuajo de aparecer luego ante las cámaras construyendo un falso ‘relato’ al que se aferran las masas cretinizadas adscritas a su negociado con candoroso y a la vez cínico entusiasmo, como los niños crecidos se aferran a la existencia de los Reyes Magos (que sospechan apócrifa pero siguen defendiendo en público, temerosos de no recibir más regalos).
Pero la engañifa del doctor Sánchez, en lugar de ser desmontada hábilmente por sus detractores, ha sido respondida con declaraciones asquerosamente cipayas que, sumadas a los burdos exabruptos y amenazas de Trump, están logrando conmover ese «macizo de la raza» al que aludíamos más arriba. Hay españoles de izquierdas y de derechas; pero los españoles de todos los colores no soportan que un chuloputas como Trump los denigre y avasalle por no querer someterse a sus dictados, que además son dictados de marioneta chantajeada que trata desesperadamente de tapar sus estupros. Por supuesto, siempre ha habido españoles completamente desnaturalizados a quienes gusta arrastrarse ante el extranjero poderoso que les pasa la mano por el lomo, a la vez que los utiliza para engañar y envilecer a sus compatriotas: ahí están el conde don Julián, el obispo Oppas, el valido Godoy, el inquisidor Llorente… En todos los crepúsculos de la Historia han aparecido vendepatrias generosamente untados que tratan de llevar a los españoles al redil de la servidumbre y la dominación extranjera, llámese musulmana, francesa o anglosionista; pero en todos esos crepúsculos de la Historia se alzó el macizo de la raza contra esa gentuza, hasta enterrarla en el mar. Trágicamente, en esta época terminal sólo encontramos, frente a una derecha cipaya, la falsa bandera que hace ondear el doctor Sánchez. ¡Pobre macizo de la raza!

