Fundador de «OnlyFans», Leonid Radvinsky, muere de cáncer a los 43 años

Leonid Radvinsky, el multimillonario propietario de la plataforma de contenido para adultos OnlyFans, ha muerto de cáncer a los 43 años, según confirmó la empresa con sede en Londres.

La muerte de Radvinsky, ucraniano estadounidense de origen judío, ha sido presentada en algunos medios como una noticia trágica de un empresario tecnológico exitoso. Sin embargo, detrás del eufemismo corporativo y las cifras millonarias late una realidad mucho más cruda: el hombre que falleció el 20 de marzo de 2026 amasó una fortuna de miles de millones de dólares gracias a una de las arquitecturas de prostitución online más rentables y masivas de la historia reciente.

OnlyFans no es una “plataforma de creadores de contenido” ni un espacio de “empoderamiento económico” como repiten sus defensores. Es un sistema digital optimizado para la monetización directa del cuerpo —principalmente femenino— bajo el disfraz de suscripción personalizada. Radvinsky tomó una empresa modesta en 2018 y la reconvirtió en una máquina de explotación sexual a escala industrial: cobrando el 20% de cada transacción mientras los “creadores” (en su inmensa mayoría mujeres jóvenes en situación de precariedad económica) producen contenido pornográfico explícito, sexting, videos a medida y simulacros de intimidad pagada.

Los números hablan solos: más de 377 millones de usuarios, 4,6 millones de cuentas de creadores, ingresos anuales que superaron los 1.400 millones de dólares en 2024 y dividendos personales para Radvinsky que acumularon alrededor de 1.800 millones de dólares desde 2021. Es decir, mientras millones de personas —muchas de ellas en situación vulnerable— vendían acceso a su desnudez o a fantasías sexuales para sobrevivir, él extraía miles de millones sin ensuciarse las manos directamente. Un modelo de negocio que combina lo peor del capitalismo de plataformas con la lógica eterna de la proxenetismo: intermediar, tomar la mayor tajada y dejar los riesgos (salud mental, doxxing, coerción, escalada a formas cada vez más extremas de contenido) en las trabajadoras sexuales digitales.

La pandemia aceleró su crecimiento exponencial, normalizando que jóvenes recurrieran a esta vía como “salida rápida” ante la crisis económica. Lo que se vendió como autonomía terminó siendo, en la mayoría de los casos, una dependencia digital de suscriptores anónimos que exigen más y más por el mismo precio decreciente. OnlyFans no inventó la prostitución online, pero la industrializó y la hizo parecer aspiracional.

Que el artífice de este imperio haya muerto joven y rico no cambia el saldo: dejó un ecosistema que degrada relaciones humanas, cosifica cuerpos y extrae plusvalía de la desesperación sexualizada de millones, todo mientras se lavaba la cara con intentos tardíos de “contenido generalista” (OFTV) que nunca fueron el núcleo del negocio.

Radvinsky no fue un visionario tecnológico. Fue un proxeneta digital extremadamente eficiente.

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