
Según informó The New York Times el 12 de febrero de 2026, el portaaviones USS Gerald R. Ford —el buque insignia de la Armada estadounidense— y su grupo de ataque serán reubicados desde el Caribe hacia el Golfo Pérsico para unirse al grupo del USS Abraham Lincoln. La decisión, comunicada a la tripulación el jueves, implica que el buque no regresará a su base en Norfolk, Virginia, hasta finales de abril o principios de mayo.
El Ford lleva desplegado desde el 24 de junio de 2025, inicialmente con rumbo a Europa, pero fue redirigido al Caribe como parte de la campaña de presión del presidente Donald Trump contra Venezuela. Sus aviones de combate participaron en el ataque del 3 de enero de 2026 que resultó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro en Caracas. El grupo ya había sufrido una extensión previa, y la nueva orden retrasa significativamente el mantenimiento programado en dique seco. Este movimiento se enmarca en la «campaña de presión» contra los líderes iraníes, según funcionarios estadounidenses citados de manera anónima por el diario.
El reciente encuentro entre el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, realizado el miércoles 11 de febrero de 2026 durante una reunión a puertas cerradas de más de dos horas y media, añade un elemento clave a esta escalada. Fuentes diplomáticas y analistas indican que Netanyahu presionó intensamente a Trump para endurecer la postura hacia Irán, presentando información de inteligencia, y abogando por incluir restricciones estrictas no solo al programa nuclear, sino también al arsenal de misiles y al apoyo a grupos aliados. Aunque Trump insistió públicamente en que las negociaciones con Irán deben continuar —describiendo el encuentro como «muy bueno» pero sin resultados definitivos más allá de mantener el diálogo—, Netanyahu expresó escepticismo general y enfatizó la necesidad de condiciones que preserven la libertad de acción militar de Israel. Algunos observadores, incluyendo analistas críticos, interpretan esta visita como un intento israelí de «inyectar elementos disruptivos» en las conversaciones para inclinar la balanza hacia una opción militar si las negociaciones fracasan, en un contexto donde Trump ha amenazado repetidamente con acciones duras si no se alcanza un acuerdo amplio.
En paralelo, la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) emitió el mismo día una recomendación urgente: las aerolíneas de la Unión Europea deben evitar el espacio aéreo iraní hasta el 31 de marzo de 2026. La medida extiende una advertencia previa ante el «alto riesgo» para la aviación civil en todas las altitudes, causado por la presencia de un amplio espectro de armas y sistemas de defensa aérea, combinada con posibles respuestas estatales impredecibles.
El boletín de EASA se produce en medio de crecientes temores a un colapso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, lo que podría derivar en un conflicto regional que afecte a la producción petrolera mundial. Irán ha advertido que respondería con dureza a cualquier agresión y que bases estadounidenses en países del Golfo podrían convertirse en objetivos.
Ambas noticias, publicadas el mismo día, reflejan la escalada simultánea de tensiones en dos regiones estratégicas para el petróleo y la seguridad energética global, con despliegues militares estadounidenses reforzados y nuevas restricciones en la aviación comercial europea.

