Una civilización contra sí misma – Por Alexander Dugin

Por Alexander Dugin

La lucha de los evangélicos dispensacionalistas (la administración de Trump) contra la Iglesia católica es la fase final de la Reforma radical. Muchos cabos sueltos que quedaron sin resolver en el siglo XVII resurgen ahora, como la Quinta Monarquía. Ahí está la clave. Y Sabbatai Zevi, por supuesto.

El socialismo hizo que la empatía y la compasión fueran obligatorias, demasiado formales. Pero si no tienes esas cualidades, no eres humano. La ironía calvinista de Elon Musk sobre la empatía es moralmente repugnante. En Trump vemos lo malvados, crueles y horribles que son el egocentrismo y el narcisismo.

Ayn Rand y su «filosofía» es puro satanismo. Es el manifiesto de las élites de Epstein. Pero no se trata de una idea marginal. Es la esencia misma del capitalismo occidental (principalmente anglosajón). Sombart ha explicado a fondo el origen del capitalismo y su vínculo con la usura.

Cada vez es más evidente que Estados Unidos necesita urgentemente un tercer partido (movimiento, corriente). Ni el globalismo liberal de izquierda, ni el trumpismo satano-calvinista y sionista. Este movimiento necesita de una ideología, filosofía, sociología, historia de las religiones, moral y economía propias.

El cristianismo en Occidente es solo un dolor fantasma. Fue aniquilado hace mucho, mucho tiempo por la Modernidad basada en la ciencia materialista, el ateísmo, el individualismo, la democracia y el capitalismo. La Modernidad ha transformado a Occidente en una civilización no cristiana y anticristiana.

Hay un plan geopolítico en la sombra del evidente delirio de la América trumpista. Es la estrategia para salvar la unipolaridad por los medios más duros: genocidio masivo, Tercera Guerra Mundial, armas nucleares, múltiples intervenciones que provoquen guerras regionales simultáneas. Ya han agotado los demás medios.

Detrás de la locura de Trump podemos leer el plan B del globalismo: la destrucción de la humanidad como precio a pagar por el control de la élite occidental. Es la lógica del globalismo radical. El liberalismo fue aplastado debido a su (hipócrita) «empatía» y a su obsesión woke.

Todo se estructura en torno al dilema entre unipolaridad y multipolaridad. Occidente ha sacrificado su identidad, cultura, tradiciones y valores por una sola cosa: el poder global. Lo tuvo durante el momento unipolar (1989-actualidad), pero esté ha empezado a resquebrajarse.

Occidente considera que aún puede conservar el poder global sacrificando cada vez más su identidad (plan globalista liberal). El plan de Trump/Israel consiste en reafirmar la identidad occidental (sionista/sionista cristiana) con una lucha desesperada por conservar su fuerza y hegemonía. Ambos son insuperables.

La multipolaridad es la única y exclusiva salida a la situación. Solo se podría conservar América y/o Europa compartiendo el poder global con otros polos. No pueden quedárselo todo para ustedes, al menos ya no. De eso trata la Tercera Guerra Mundial.

Estados Unidos está en manos de un loco cruel. La UE es una junta de globalistas pervertidos y desquiciados. Los líderes prooccidentales son payasos, maníacos locos y patéticos. El retrato colectivo del Occidente actual es un auténtico desastre. No tiene nada de atractivo. Es repulsivo. Y el futuro promete algo peor.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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