
Por Alejandro Olmos Gaona
Desde siempre las Islas Malvinas representaron mucho más que un territorio en disputa. Diría que para millones de argentinos constituyen una causa nacional, un símbolo de soberanía, de memoria e identidad que atraviesa generaciones.
La soberanía fue ultrajada en 1833, y desde ese tiempo nuestros gobiernos reclamaron invariablemente sobre nuestros derechos a las islas, ya que el reclamo argentino no nació con la guerra de 1982 ni termina en ella: fue una política de Estado sostenida desde hace décadas y respaldada por resoluciones de las Naciones Unidas que llamaron a ambas partes a reanudar las negociaciones sobre la soberanía.
Por eso a pesar de la reivindicación de Margaret Thatcher, hecha por el desquiciado sujeto que funge como presidente de la Nación, y relativizar reclamos, hablando de los derechos de Gran Bretaña, la imagen que dejó la Selección Argentina después de eliminar a Inglaterra y clasificarse a la final del Mundial 2026 tuvo un profundo significado. Los futbolistas desplegaron una bandera con la frase «Las Malvinas son argentinas», reivindicando el histórico reclamo de soberanía argentino en un escenario seguido por millones de personas en todo el mundo. El gesto fue realizado pese a las restricciones de la FIFA sobre mensajes políticos y generó repercusión internacional.
Fue un verdadero símbolo el que enarbolaron esos incansables jugadores que mostraron al mundo lo que es una causa de toda la Nación. No fue una provocación gratuita, sino la expresión simbólica de una lucha que excede a cualquier gobierno y que forma parte de la memoria colectiva del pueblo argentino. Malvinas representa el recuerdo de los caídos, el reconocimiento a los veteranos y la convicción de que la recuperación de la soberanía debe perseguirse por vías pacíficas y diplomáticas, algo a lo que siempre se han negado los británicos. Como me señalaba mi amiga Virginia Gamba: siempre ante toda negociación, ellos buscaban permanentemente frustrar cualquier solución.
El gesto de los jugadores también contrasta con posiciones políticas que, para muchos sectores, implicaron un debilitamiento del reclamo soberano. Durante los últimos años, declaraciones del presidente Javier Milei sobre el principio de autodeterminación de los habitantes de las islas, así como distintos gestos diplomáticos de los gobiernos de Mauricio Macri y referentes de su espacio político, fueron cuestionados por excombatientes, especialistas y dirigentes que consideran que esas posturas relativizan el histórico reclamo argentino y se apartan del consenso nacional sobre Malvinas. Mauricio Macri, antes de llegar a la Presidencia, llegó a afirmar que recuperar las Islas Malvinas significaría «un fuerte déficit adicional para la Argentina», una declaración interpretada por numerosos sectores como una mirada economicista sobre una causa histórica de soberanía. Ya como presidente sostuvo el reclamo argentino, aunque su política hacia el Reino Unido también fue objeto de críticas por parte de excombatientes y especialistas.
En el caso de Milei, sabemos como habló de los derechos británicos a la islas y anoche desvalorizando el gesto de los jugadores, se refirió elípticamente que eran gestos populistas desagradables, irrelevantes,
Mientras la política divide opiniones, el plantel argentino enfrentándose a todas las prohibiciones británicas, y aun a las prohibiciones del gobierno de Milei, volvió a expresar algo que trasciende las diferencias partidarias: que las Islas Malvinas ocupan un lugar central en la identidad nacional. En una noche histórica frente a Inglaterra, la bandera desplegada sobre el césped recordó que la causa Malvinas sigue viva en el corazón de gran parte del pueblo argentino.
Los gobiernos pasan, los partidos cambian, los dirigentes que cultivan la falta de memoria y viven inmersos en negociaciones de politiquería barata, cuando dejen sus posiciones serán olvidados, pero la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas seguirá siendo, para millones de argentinos, una causa permanente e irrenunciable.

