Reflexiones sobre la guerra: Entre la fuerza bruta y el sistema de normas – Por Ángel Canga Corozo

Por Ángel Canga Corozo*

En 1948, Hans Morgenthau recalcó que el peor error en política es operar en base al dogmatismo de principios y valores, en lugar de considerar las reales condiciones del mundo y de la naturaleza humana (1). Una referencia que hizo en el contexto del debate entre Realismo e Idealismo (2), las dos principales corrientes teóricas de las Relaciones Internacionales.

Aunque el Realismo mutó en Neorrealismo, y el Idealismo en Liberalismo (o Institucionalismo liberal), las diferencias perduraron. En ese sentido es que Esther Barbé, en su obra de 1993, enfatiza que el debate entre esas dos corrientes emerge en momentos álgidos o de reformulación internacional (3). Y dado que el conflicto ruso-ucraniano de 2022 empuja una reformulación del orden internacional, no sorprende que, durante un panel de la Deutsche Welle, Adrián Krupnik afirmase que la gran disputa de las Relaciones Internacionales es si el mundo se mueve a través del poder, o si son las instituciones las que le dan la forma (4).

Morgenthau planteó el debate contrastando la naturaleza humana contra principios y valores, Barbé lo formuló oponiendo el pragmatismo del poder a la voluntad de la razón, y para Krupnik se trata de si son las instituciones o la fuerza real lo que gestiona al mundo. El registro histórico de las últimas décadas evidencia que, gracias a los Estados Unidos, fue el Liberalismo el que tomó la ventaja. Esto porque, tras la segunda guerra mundial, esta nación se erigió como potencia dominante, dado que su producción equivalía a la mitad del PIB mundial, mientras gran parte de Europa estaba en quiebra y destruida. Washington entonces lideró, no solo la reconstrucción del viejo continente, (con el Plan Marshall) sino también el reordenamiento del orden global. Una reformulación hecha a la medida de sus aspiraciones y sobre la base de un sistema de normas e instituciones (de ahí el Institucionalismo) cuyos acuerdos se firmaron en territorio norteamericano.

Fue en New Hampshire que 1944, se concretaron los acuerdos de Bretton Woods, que crearon al FMI y al Banco Mundial, posicionando al dólar estadounidense como moneda referencial; y fue en Washington que, 1949, se firmó el acuerdo que dio nacimiento a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Se sientan de esta manera las bases del Orden Liberal (Pax
Americana), sobre valores como democracia, libre comercio, y respeto a los derechos humanos.

Durante décadas y con la excusa de la defensa de estos valores, el Institucionalismo liberal impuso agendas aquí y allá, sin escatimar sanciones para los que defendían paradigmas diferentes (Cuba, Irán, Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua, etc.). Por eso, Carlos Escudé dividió al orden internacional en tres tipos de países: Los que crean las normas, los que las cumplen y los que las desafían (5) .

Las diferentes coyunturas mundiales alimentaban el debate en la academia, esta vez entre Neorrealistas (como John Mearsheimer) y Neoinstitucionalistas (como Robert Keohane) (6) , y en medio de eso, sucede lo inesperado: la desintegración de la Unión Soviética. Tal suceso llevó a los Neoinstitucioalistas (o Neoliberales) a pensar a que el debate había terminado, ya que, sin
el contrapeso de la URSS, se allanaba el camino para que el Orden Liberal se extienda por todos los rincones del globo. (7)

Pero, tras la desintegración del bloque soviético y a pesar de un breve período de unipolaridad norteamericana (8) , el siglo XXI ha sido testigo del crecimiento de los dos más potentes contradictores del Orden Liberal: Rusia como potencia nuclear, y China como potencia económica. Y es en este contexto que tiene lugar la invasión rusa a territorio ucraniano, en febrero 24 de 2022, que más que un conflicto regional, representa un desafío al actual orden global. Esto explica que Moscú esté recibiendo el respaldo de China, Irán, Cuba, Venezuela y otras naciones que cuestionan este orden.

No obstante, tras varios meses de guerra, y muchas sanciones de occidente contra Rusia, los efectos están resultando contraproducentes hasta para los países sancionadores que, como el resto del mundo, padecen niveles históricos de inflación, derivados en inestabilidad política a nivel doméstico. Se plantea entonces la pregunta: ¿Vale la pena sacrificar el interés nacional
por la defensa de conceptos éticos? ¿Se justifica afectar la economía doméstica para restringir el flujo comercial con un país porque éste violenta ciertos principios y valores?

Parecería sabio escuchar en estos momentos los señalamientos de Morgenthau. Los Estados Unidos, por ejemplo, aunque impulsores del modelo liberal, se han visto forzados a dejar de lado su “defensa” de principios y valores para, adoptando el pragmatismo del Realismo, tocar la puerta de naciones petroleras como Venezuela y Arabia Saudita, a los que hasta hace poco denostaba y sancionaba (9) . Ya no estamos en 1945, y en la actualidad el PIB norteamericano solo representa alrededor del 20% de la tasa mundial.

En conclusión, se recomienda a las naciones que, en función su margen de maniobra, adopten la Realpolitik: Comprar donde se pueda comprar, vender donde se pueda vender, y aliarse con quien convenga en función, no de principios y valores, sino del interés nacional. El Realismo parece tomar ahora la delantera.

1 Morgenthau, H. (1987). Política entre las Naciones: la lucha por el poder y la paz. Buenos Aires, Gel.
2 También inicialmente llamado Wilsonismo, en referencia al presidente norteamericano Woodrow
Wilson quien, tras la primera guerra mundial, propuso catorce puntos para alcanzar la paz mundial.
3 Barbe, E. (1995). Relaciones Internacionales: Editorial Tecnos.
4 Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=UuAjVjJ_Zfk
5 Escudé, C. (2012). Principios del Realismo Periférico: Una teoría argentina y su vigencia ante el ascenso
de China. Buenos Aires, Lumiere.
6 Jervis, R. (1999). Realism, neoliberalism, and cooperation: understanding the debate. International
security. 1(24). p. 42-63
7 El liberal Francis Fukuyama llegó a declarar que la desintegración de la URSS significaba el fin de la
historia.
8 La Unipolaridad se desprende del concepto que Morgenthau llamó “Balanza de poder”. Durante la
Guerra Fría, la balanza fue bipolar. La unipolaridad que Estados Unidos ganó tras la desintegración de
la URSS, se terminó con el ataque a las torres gemelas, en 2001.
9 Recuperado de https://www.france24.com/es/medio-oriente/20220715-an%C3%A1lisis-joe-biden-en-
arabia-saudita-el-regreso-de-la-realpolitik-estadounidense


*Magister en Relaciones Internacionales – angel.canga@iaen.edu.ec

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