Romance de nuestro pana Zapatero – Por Juan Manuel de Prada

Por Juan Manuel de Prada

Con la rosa por testigo, con el puño por decreto, se paseaba muy feliz nuestro pana Zapatero, poniendo su dedo índice, cual acento circunflejo, sobre la ceja famosa que conquistó al artisteo. Así marchó a Venezuela, con oculto afán de medro, diciendo que lo hacía para vigilar los yerros del despótico Maduro y evitar sus atropellos. «Vengo a traer la concordia», clama el fingidor sin precio, mientras urde las contratas de su próspero comercio. «Vengo a librar los cautivos de cárcel y tentetieso, y a mostrar a los tiranos el camino del progreso». ¡Cuán heroico redentor y cuán generoso empeño, que predica libertades mientras se embolsa el dinero! Pronto empezó el murmullo en todos los mentideros, que no buscaba justicia, sino el oro caraqueño, los favores de la Delcy, de Maduro los festejos, las maletas que transportan metal de rubio destello. ¡Buen maestro de la farsa se ha probado Zapatero!

Y mientras se hace el panoli y camela a sus adeptos se asocia con los chorizos, cucañistas, marrulleros, trepadores, robaperas, tramposos y descuideros. Pero todo finamente, insistiendo en el progreso, progresando, progresando, hasta lograr el saqueo. No es un cuento de comadres, no es un simple chismorreo, que la concienzuda UDEF ha pillado sus trasiegos. De Caracas a Madrid viajan prebendas y diezmos, lingotes de oro macizo y otros alijos secretos en los vuelos de Plus Ultra que les tapan los manejos, mientras al ministro Ábalos lo reconcomen los celos: «¡Yo traía las maletas de la Delcy con gran riesgo, y a este pana lo compensan con un trato más selecto!». ¡Vaya guerra de donjuanes por quedarse con el cetro y rescatar aerolíneas con los trucos más arteros!
¡Ay, rescate de Plus Ultra, contubernio de logreros! Su chatarra vale ‘apenas’ cincuenta y tres milloncejos de la hucha del erario, que lo dejan en barbecho, para que la banda pueda pagar fiestas y cortejos con lumis siliconadas que los traen al retortero, celebrando con ardores el atraco y el cohecho. Zapatero, sin embargo, por ser hombre tan austero, no participa de orgías, ni trajina con conejos que, por dedicarse al trote, han tenido muchos dueños. Prefiere chalés de lujo y casoplones isleños, una choza en Monte Rozas o acaso en Puerta de Hierro. Todas estas propiedades las adquiere escribiendo informes de chichinabo, dosieres de medio pelo, copiando birrias de Gúguel por medio millón de euros, que son sólo migajillas, mirando el estipendio que han guardado en Dubái y en el istmo panameño. Así el prócer del talante se forraba a lo discreto, haciendo creer a sus huestes que era un cartujo severo, que poco es lo que tenía y a dar mucho estaba presto.

Pero el juez tiene los audios, el juez tiene los secretos de Zapatero y su banda, sus chanchullos, trapicheos, convolutos, cuchipandas, comisiones, latisueldos, cambalaches con Maduro y con Delcy compadreos, más los trinques de las hijas, de gótico y negro atuendo, muy lozanas y garridas, con perfil de camafeo, más bellas aún que Helena, que en Troya causó revuelo. Y tal vez se haya sumado Trump, el gringo, por despecho, deseoso de humillar y meter en el talego a quien, como el doctor Sánchez, le toca mucho los huevos. Son los móviles pinchados suculento caladero con frasecitas de infarto que provocan el mareo: «¡Vamos a follar, hermano, que el negocio ya está hecho! Hoy nos vamos de jarana, hoy toca lúbrico juego, que está nuestro pana al mando, el Zapatero del reino». Así escribían los socios de nuestro Bambi risueño, con un descaro procaz que no es muy de caballeros. Y en los chats de un tal Danilo que cayeron en el ruedo, al magnate socialista le pusieron nombre nuevo: «¡Que hable el Zorro el primero, que nos brinde carambolas, que nos disponga el terreno, que para abrir los caminos su palabra es el remedio!». ¡Vaya alias elegante para el ídolo rojelio, el Zorro de las finanzas, la Z del zalamero que a Maduro engatusó y que a Delcy, retrechero, logró ponerla cachonda sin ponerse él arrecho, mientras los chinos hacían el papel de mamporreros, para llevárselo crudo y en barriles, ¡qué esperpento! «Mueve los hilos, Julito –decían sus compañeros al que le tocaba hacer de lacayo y testaferro–. Que hable Julio con el jefe, que ya vuela el pasajero». Y Julito, obediente, los mensajes del correo borraba de la pantalla con escrúpulo y denuedo.

Muchos son ya los indicios, muchos son ya los jaleos en que Bambi anda metido, tal vez hasta el entrecejo. El escándalo ya estalla, ya asoman los chalaneos, pero llega el doctor Sánchez corriendo al Parlamento y defiende la inocencia de su protector primero: «¡Es un ataque al partido, puro fango torticero, son argucias de los jueces que llevan al matadero la honradez del socialismo, ¡un dogma en el que creo!». Y aplaudiendo la proclama va la corte de palmeros, mientras rezan porque el fango no salpique el comedero. Al rescate de las siglas saltan charos y voceros, mitad tontas, mitad tetas, tertulianos cupleteros, papagayos, cacatúas que defienden el empleo: «¡El auto del juez Calama no merece nuestro aprecio, que son recortes de prensa y un libelo ultraderecho!». Gritan fuerte en las pantallas currinches y picapleitos, comicastros y bandarras, sicofantes, corifeos, locutores al dictado y demás mamandurrieros. Atacan todos en tromba con fingido desespero, defendiendo a su icono, referente de progreso, mientras esconden la bolsa de sus opulentos sueldos. Con sus mañas mafiosillas hacen todos el canelo y hasta los cretinizados les descubren el plumero. Así que pronto reculan, cuando les llega el chorreo, y así los mismos que antes loaban a Zapatero, saltan prestos del navío que se hunde en el desprecio, como ratas cobardonas que quieren marchar bien lejos. ¡Ay, pandilla de truhanes, ay bellacos lisonjeros, bien sabíais del engaño, bien gozasteis del provecho de arrimaros a la ‘ceja’, engordando el pellejo, recibiendo subvenciones, disfrutando de lo ajeno! ¿Cómo se explica este cambio, infames titiriteros, pintamonas, juntaletras y poetas de embeleco, antaño tan entregados y hoy tan poco manifiestos, mientras vuestro referente chapotea en el cieno?

Almas buenas de esta tierra, gentes nobles de este pueblo, escuchad mi voz canora, por vuestra vida y respeto. Renegad de los sociatas, que son mangantes muy serios, son garduñas sigilosas, son felones descuideros que, con un mohín de Bambi, se lo llevan crudo y fresco; son políticos sin alma, son chulánganos groseros dedicados a rapiñas, amaños y mangoneos, tragaperras, tragacargos, tragaldabas, tragasueldos que no paran de tragar hasta dejaros hambrientos. Unos lo gastan en putas, con sus koldos al acecho, les pagan un piso franco, les ponen rumboso sueldo, les compran bragas de encaje, con sus medias y ligueros, y se corren grandes farras con droga de los camellos, que entre coitos y mamadas esnifan por el trigémino. Otros se hacen más los finos, feministas, circunspectos, pero su misión es siempre –lo demuestra Zapatero– pillar cacho y dejar al contribuyente en cueros, para poderse comprar joyas de oro y aderezos de zafiros y esmeraldas, broches y bellos trofeos, gargantillas, collarones y relojes postineros, más los pisos, los solares, las mansiones de recreo compradas a tocateja sin hipotecas por medio, como quien compra en la tienda un puñado de buñuelos.

Hasta aquí llega el romance de un santón de mucho peso, que por trampas de Plus Ultra ha caído en el cepo. Vaya el leonés a juicio, vaya su banda al infierno, pues ya la UDEF ha trazado de su infamia un gran bosquejo. Y a quien joda el romance que aquí les hemos expuesto, yo le ruego que se aplaque y no mate al mensajero; pues, si sirve de atrición, será muy hermoso consuelo conseguir que se arrepienta nuestro pana Zapatero.

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