
La Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 6 de septiembre de 2026 una victoria histórica en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, al alcanzar el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional. El resultado, más del doble del obtenido en 2021, deja muy atrás a la CDU del canciller Friedrich Merz, que se quedó con el 17,2 % y 15 asientos. Aunque el partido no dispone de mayoría absoluta (necesita 42 diputados), por primera vez se sitúa a las puertas de liderar un gobierno regional alemán.
La AfD, fundada en 2013 como fuerza euroescéptica durante la crisis del euro, ha evolucionado hacia posiciones más duras en inmigración, asilo e identidad nacional, especialmente tras la crisis migratoria de 2015. Su programa actual incluye también un cambio radical en la política energética y exterior: aboga por energía más barata, el restablecimiento de relaciones económicas con Rusia y, en algunos casos, la reactivación de infraestructuras como Nord Stream, argumentando que los altos costes energéticos han dañado la competitividad industrial alemana.
El candidato Ulrich Siegmund ha reclamado el derecho a intentar formar gobierno. El principal obstáculo es la “Brandmauer”, el aislamiento que los partidos tradicionales mantienen frente a la AfD. Entre los escenarios posibles destacan:
– Una eventual cooperación con el BSW de Sahra Wagenknecht (5 escaños). Ambos sumarían 44 escaños y coinciden en limitar la inmigración, abaratar la energía y retomar el diálogo con Rusia.
– Una gran coalición anti-AfD (CDU, SPD, Verdes, Die Linke y BSW), también con 44 escaños, pero muy compleja por las diferencias ideológicas.
– Un bloqueo que lleve a nuevas elecciones.
El resultado golpea de lleno a Merz, quien había endurecido el discurso de la CDU en migración y seguridad para frenar a la AfD. El canciller reconoció que el resultado “ha sacudido a nuestro partido hasta los cimientos” y habla de un “cambio tectónico” en el sistema de partidos alemán. Analistas consideran que, si la AfD consigue gobernar y se rompe el «cordón sanitario», podría aumentar la presión para una dimisión anticipada de Merz.
Más allá de Magdeburgo, el triunfo pone de relieve la persistente brecha entre el este y el oeste de Alemania más de 35 años después de la reunificación. Décadas de declive industrial, pérdida de población y emigración de jóvenes han dejado a regiones como Sajonia-Anhalt entre las más desfavorecidas, un malestar que la AfD ha sabido capitalizar.
La cuestión de fondo ya no es solo quién gobernará Sajonia-Anhalt, sino si la victoria de la AfD marca el inicio de una nueva etapa en la que el partido deje de ser solo fuerza de protesta y pase a convertirse en actor de gobierno, debilitando el aislamiento político que hasta ahora lo ha mantenido al margen.

