Derechas, izquierdas y espectáculos taurinos – Por Juan Manuel de Prada

Para ser de derechas…
Por Juan Manuel de Prada

Un amigo ya longevo, más de derechas que el grifo del agua fría, me cuenta esta conseja, harto de que los partidos conservadores, a la vez que reniegan de todos los principios que antaño defendían (de boquilla), lo obliguen a comerse la agenda anglosionista con grapas, como si tuviese algo que ver con el ideario conservador:

–Imagina que, para ser de derechas, tuvieses que ser taurino por cojones. Yo puedo entender que los toros, aunque no me gusten, tienen un gran valor cultural y que, por lo tanto, no deben ser abolidos. Pero me hago taurino aunque no me gustan los toros, porque la izquierda odia la tauromaquia (aunque, en realidad, lo único que hace es denostarla retóricamente, para tener contentos a sus adeptos). Pero ocurre entonces que los toros empiezan a ser monopolizados por un empresario extranjero que ordena que los caballos de los picadores vuelvan a salir a la plaza sin peto; y la gente de derechas transige, para que nadie la señale como sospechosa de izquierdismo. Luego, el empresario extranjero decide también que al toro se le ensarten banderillas de fuego, y que se le desjarrete, y que se le suelten perros, para que lo acosen y muerdan en su agonía. Y, mientras todas estas innovaciones se acumulan, la gente de derechas tiene que seguir aclamando el espectáculo, para no ser tachada de izquierdista. Inevitablemente, cada vez hay más personas que se hacen de izquierdas, asqueadas; y, para atraerlas, a los líderes izquierdistas les basta con decir hipócritamente que los toros no son de su gusto.

»Así hasta que un día al empresario extranjero que monopoliza los espectáculos taurinos se le ocurre que los toros enrabietados deben ser también rociados con gasolina, para que las banderillas de fuego llameen mejor. Bestialidad con la que también debe transigir la gente de derechas, para no ser tomada por izquierdista. Justo entonces el gobernante de izquierdas se reúne con el empresario que ha convertido las corridas de toros en una carnicería y le pide tímidamente que se morigere un poco, dejando de empapar de gasolina al toro, aunque desde luego pueda seguir poniéndole banderillas de fuego, y desjarretándolo, y echándole los perros. Con esta tímida petición el gobernante de izquierdas contenta a su parroquia; y consigue que la parroquia de derechas lo increpe furibunda. Porque, para ser de derechas, tienen que gustarte por cojones los toros; pero ni siquiera los toros de antaño, sino la variante carnicera e incendiaria que ha impuesto ese empresario extranjero. Y, mientras la izquierda se conforma con reclamar que a los toros no se les empape con gasolina, en la derecha se estudia la posibilidad de introducir en este espectáculo taurino degenerado algunos entreactos de circo romano donde haya leones que se coman a cristianos armenios. Pero esto también lo tienes que aplaudir si quieres ser de derechas, porque a la gente de izquierdas, tan estreñida, ni siquiera le gusta el circo romano.

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