El pimpollo de Biden – Por Juan Manuel de Prada

El pimpollo de Biden
Por Juan Manuel de Prada

Me ha regocijado la unánime reacción sistémica, entre la consternación y el pánico, ante la flagrante decrepitud de Biden, que en su debate televisado con Trump no hizo sino farfullar incoherencias y conversar con las musarañas. Me ha regocijado, sobre todo, porque toda persona que no se alimente de propaganda sistémica sabe desde hace años que Biden está completamente gagá, que en todas sus apariciones públicas saluda a sus amigos imaginarios, trabuca las palabras hasta convertir sus discursos en galimatías y se dedica a papar moscas; eso cuando no le da por arrimarse a los niños y manosearlos y olfatearles el pelo (pero esto Biden también lo hacía cuando todavía estaba pimpolludo y no había perdido el oremus). Pero ya se sabe que la propaganda sistémica se dirige a cerebros arrasados que no se inmutan ante las evidencias; y, además, nunca faltan loritos sistémicos dispuestos a afirmar que las evidencias son en realidad manipulaciones urdidas por bots rusos.

Toda persona digna de tal nombre sabía que Biden estaba gagá; y mucho más aún lo sabían quienes lo mangonean. ¿Por qué lo han mantenido hasta hoy? En primer lugar, sin duda, porque desprecian a las masas cretinizadas, que pueden seguir votando tan campantes a un pelele decrépito (como podrían también votar a un chimpancé, a un maniquí o a una farola). Y en segundo lugar porque les viene de perlas que sea un pelele decrépito quien cargue con la responsabilidad de las atrocidades que interesan a quienes lo mangonean, para cumplir sus planes de dominación, desde el genocidio palestino al exterminio de la juventud ucraniana. Ciertamente, un pelele decrépito tiene muy difícil ganar unas elecciones, porque hasta las masas cretinizadas pueden acabar advirtiendo que está gagá; pero quienes lo mangonean ya se habían encargado de poner en marcha la apisonadora judicial contra Trump; y, además, siempre les queda el recurso último del pucherazo, de tan rancio abolengo democrático.

Pero la difusión urbi et orbi de los gagaísmos bidenianos los ha puesto nerviosos ante la posibilidad de que la credulidad de las masas cretinizadas se resquebraje, ante la tosquedad de la pantomima. Así que se han puesto a buscarle sustituto al pobre pelele. A fin de cuentas, como señalaba Pemán, el régimen presidencialista yanqui es muy parecido a una monarquía electiva; y ya suenan nombres de prebostes del partido demócrata dispuestos a asumir el legado bideniano, con su inefable hedor a desfalco y cadaverina. Pero, por una vez, aprovechando el fiasco de Biden, quienes lo mangonean podían aprovechar para sustituir los mecanismos de la monarquía electiva e instaurar la hereditaria; pues, sin duda, el pimpollo Hunter sería el más digno sucesor de su papá. Aunque el pimpollo Hunter no luzca el historial nutridísimo de crímenes de guerra que luce el decrépito Joe, al menos es una astilla tan inescrupulosa, corrupta y perversa como el palo del que procede. Hunter for president!

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