El ideólogo del asesinato serial de pobres, venerado por Javier Milei – Por Ricardo Vicente López

El ideólogo del asesinato serial de pobres, venerado por Javier Milei.
Por Ricardo Vicente López

«Amigo Sancho: cosas veredes, que non crederes».
-El Quijote de la Mancha

Amigo lector, nos encontramos ante una análisis ideológico, certero y profundo, que examina, con la habilidad quirúrgica del cirujano, una cantidad de supuestas verdades, desmentidas por la gran mayoría de los investigadores especializados, (los no remunerados por los grandes medios de comunicación). El autor de la nota: escritor, político y periodista alemán, Ingar Solty (1979), se doctoró en la Universidad de York en Toronto, Canadá; no parece temblar ante el ejército de escribas, que exhiben sus posgrados, con pretensiones académicas, y se arrodillan en el templo en el que se encierran los herederos de Friedrich von Hayek. La nota, que paso a comentar, fue publicada en www.sinpermiso – 30/05/2024, cuyo título adelanta, sin contemplaciones, su contenido: El enemigo mortal de la igualdad.

«De todos los enemigos de la democracia y la libertad, el más inteligente fue probablemente Friedrich August von Hayek (1899-1992). En cualquier caso, fue el más influyente. Las estructuras de la economía mundial actual – la Unión Económica Europea, los bancos centrales, los “frenos a la deuda” y los “acuerdos de libre comercio”- se basan esencialmente en sus ideas y en las de sus alumnos. Margaret Thatcher sacó una vez de su bolso la obra principal de Hayek “La Constitución de la Libertad” (Die Verfassung der Freiheit, 1960) durante una reunión de los conservadores británicos y proclamó: “¡Esto es en lo que creemos!”»

Sin embargo, después de 50 años de devastación neoliberal, todavía hay fanáticos creyentes, aún siendo minorías, del tipo de los Testigos de Jehová o de los terraplanistas, esos se sienten orgullosos de ser herederos de la Dama de Hierro. Si, nosotros, los argentinos, debemos reconocer que veníamos bien trastornados, después  del gobierno de un dudoso alfabetizado, asesorado por un ecuatoriano especializado en destruir el juego democrático, que además hace gala de sus fechorías políticas.

Nosotros, digo, por esos raros artilugios del destino, ayudado por nuestras limitaciones políticas, en un tiempo oscuro de nuestra república, nos encontramos ante la sorpresa de ver sentado en el sillón de Rivadavia al tal vez heredero inconfeso de él, por su subordinación a Su Graciosa Majestad. Uno de los miembros de esos pequeños grupúsculos internacionales de las tristes y oscuras derechas que otorgan pequeñas condecoraciones por los servicios prestados, es Javier Milei. Continúa Ingar Solty:

«Cuando el hijo de un empresario fue elegido presidente de Argentina en diciembre, la Sociedad Hayek le concedió la Medalla Hayek. La sociedad, la cual ha sido objeto de muchas críticas, justificó su decisión afirmando que la “clara visión de Milei sobre la fuerza de un orden basado en la economía de mercado (…) podría volver a sentar las bases de la libertad, la prosperidad y la paz social“.

Gerd Habermann, miembro de la junta directiva de la sociedad escribió, con motivo de los 100 primeros días de Milei en el cargo, que “se trataba nada menos que de la abolición del Estado de bienestar igualitario”, particularmente “con la ‘motosierra’“. Y Milei la utilizó con su decreto de urgencia: Los derechos laborales y de los consumidores fueron arrasados o modificados en aras de la total libertad del capital, además de congelar todos los gastos del Estado con la excepción de los militares. Milei también pretende sumar a todo ello la privatización total de todas las empresas estatales. Para poder aplicar esta política sin problemas, el decreto contiene una “ley de habilitación” que pretende otorgarle poderes cuasi dictatoriales en ámbitos políticos clave. Sin duda, Hayek habría estado plenamente satisfecho con todo esto».

«Su primer objetivo en la vida fue mantener alejado sistemáticamente al pueblo, “el gran patán” (Heinrich Heine), de todas las decisiones que afectan a la vida en la economía y la sociedad. El segundo gran objetivo vital de Hayek fue entregar la clase trabajadora al capital “con piel y cabello”, es decir, por completo. Él y sus seguidores lo hicieron y lo hacen siempre en nombre de la libertad. Esta gran palabra caracteriza su obra, a la que su alumno Milton Friedman denominó “batalla por la libertad“. Sin embargo, lo que siempre quiso decir es la libertad del capital, cuyo reverso es la esclavitud asalariada. Hayek quería la explotación ilimitada. Por ello recibió el Premio Nobel de Economía en 1974, cuando los beneficios se atascaron en la crisis del fordismo.

“Hayek odiaba la igualdad. Sólo aceptaba la igualdad ante la ley, lo cual por supuesto es una burla cuando fulanita o menganita se ve obligada a demandar a un grupo oligopólico, automovilístico, farmacéutico u hospitalario. Hayek justificó la, por decirlo de alguna manera, desigualdad natural en el capitalismo con montajes en base a diferencias “genéticas hereditarias”. Esto recuerda la suposición de que las fortunas de Elon Musk, Jeff Bezos, los Quandts y los Klattens son el resultado de la capacidad y el rendimiento personales».

El autor de la nota nos ofrece un ejemplo histórico de ofrecerle batalla al fanatismo social y económico:

«En la década de 1930, El presidente Franklin D. Roosevelt se enfrentó al fracaso de la política de austeridad liberal de su predecesor, el cual había provocado un aumento masivo del desempleo de hasta el 25%. Entonces, recortó radicalmente todas las rentas anuales superiores a un millón de dólares [con una tasa impositiva de] un 75%, y más tarde incluso del 91%, para luego invertirlos con éxito en programas de empleo público, la expansión de las infraestructuras, la conservación de la naturaleza, el desarrollo de las estructuras del Estado del bienestar y la promoción de la vida cultural. En 1936, el economista John Maynard Keynes, en su gran obra “La teoría general del empleo, el interés y el dinero“, en la que se basaba esencialmente la política económica orientada a la demanda en el capitalismo fordista».

La subordinación a la Biblia de von Hayek ha posibilitado la creación de las gigantescas fortunas multimillonarias actuales que contrastan con la pobreza relativa y cada vez más y más absoluta de la población y el desmoronamiento de las infraestructuras públicas. Recurre a un académico de la Sorbona de París, Thomas Piketty, que demostró “científicamente” que la desigualdad alcanzó sus máximas expresiones en 1929 y se mantuvo hasta las vísperas de la crisis financiera mundial (2007).

«No fue una casualidad: el capitalismo de los mercados financieros conduce constantemente a crisis financieras porque la gigantesca masa de capital en busca de inversión produce continuamente nuevas burbujas especulativas, así como crisis sociales cuando la política crea nuevas oportunidades de inversión para el capital mediante la privatización de la vivienda, la sanidad, la educación y las pensiones».

La libertad postulada es una Libertad negativa

Para que nosotros podamos comprender qué está haciendo nuestro pichón ideológico que se empachó con lecturas mal comprendidas que alejan de toda la realidad de los pueblos, Ingar Solty nos ofrece algunas reflexiones para traducir a un lenguaje llano los discursos presidenciales, empapados en cifras, ecuaciones, y cuadros, citados sin una comprensión clara de lo que dice. Esas limitaciones quedan claras cuando alaba al salvadoreño Nayib Armando Bukele Ortez haciendo gala de una ignorancia política a la altura de las seudodemocracias de otros países que está luchando por su liberación. No para una Argentina que ha exhibido décadas en las que los pueblos fueron felices.

Nos explica nuestro autor:

«Las reglas que debe vigilar la “Constitución de la Libertad” sólo deben ser “abstractas, generales e impersonales“. Según Hayek, el “imperio de la ley” es fundamentalmente incompatible con las políticas de redistribución en favor de la “justicia social” (Sic).

Es muy interesante leer las aclaraciones que nos ofrece el autor:

«Por supuesto, el capitalismo real seguía siendo el talón de Aquiles de Hayek.  La desigualdad que tuvo que justificar no era, naturalmente, tan solo el resultado del rendimiento… Traducido, esto significa que cualquiera que herede millones siendo niño y “los haga trabajar para él” no tiene por qué ser necesariamente un Einstein… La “necesidad de eliminar los efectos del azar, lo cual reside en la raíz de la exigencia de ‘justicia social'”, “sólo puede satisfacerse eliminando todas las posibilidades que no están sujetas a un control consciente”. Pero el desarrollo de la civilización” se “basa en que los individuos aprovechen al máximo el azar”…»

Hoy el liberalismo reclama para sí el concepto de libertad. Hayek seguía siendo consciente de su naturaleza controvertida. “No cabe duda de que la promesa de una mayor libertad se ha convertido en una de las armas más eficaces de la propaganda socialista“…  La hostilidad elitista de Hayek hacia la democracia aborda la idea por la cual el radicalismo de mercado no puede redundar en interés de la mayoría de la clase trabajadora asalariada.

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