
Por Ivone Alves García
La diplomacia tradicional está muerta. La mataron.
tuHace años que en Europa venían dándole cuchilladas en las redes, amenazas, insultos, burlas, locuras. Pero cuando Trump volvió al poder y apareció gente como Milei que lo copia sin vergüenza, el cadáver quedó a la vista de todos.
El caso de Milei e Irán es el ejemplo más claro y reciente de cómo funciona esto ahora.
Sin un solo comunicado oficial del gobierno argentino, sin nota diplomática, sin que la Cancillería argentina hiciera absolutamente nada, Javier Milei salió varias veces a decir públicamente que Irán es “enemigo de Argentina”. Lo repitió en entrevistas, en discursos y en redes sociales, vinculándolo directamente a los atentados de la AMIA y la embajada de Israel. No fue dicho como al pasar, sino que fue una posición repetida y deliberada.
Irán respondió exactamente como cualquiera con sentido común podía prever. Medios oficiales y voceros del régimen iraní afirmaron que Argentina se había declarado enemiga, que había cruzado una “línea roja imperdonable” y que debían estudiar una respuesta proporcional. De un día para el otro, un país que mantenía una posición relativamente neutral en el conflicto de Medio Oriente pasó a estar en la lista negra de Teherán.
Lo más grave es que todo esto ocurrió sin que mediara un solo papel oficial. No hubo gestión diplomática, no hubo nota formal, no hubo canal de Estado. Solo palabras lanzadas por el presidente en público. Eso es lo nuevo y lo peligroso: la política exterior ya no se hace a través de cancillerías. Se hace a través de declaraciones personales, entrevistas y redes sociales.
Trump hace exactamente lo mismo a escala mundial: amenaza, insulta, pone deadlines públicos y convierte la diplomacia en un espectáculo. Milei y otros que siguen su estilo replican el manual al pie de la letra. Rompen protocolos, hablan fuerte y parecen creer que la moderación es de débiles.
El resultado es brutal y sencillo: se perdió el sentido común más básico. Antes se entendía que las palabras de un jefe de Estado tenían peso real. Que una declaración imprudente puede costar caro en economía, en seguridad y en la vida diaria de la gente. Hoy parece que lo único que importa es quedar bien con la propia tribuna, aunque eso signifique quemar puentes, aislar al país y exponer a millones de personas a riesgos innecesarios.
En Iberoamérica esto duele especialmente. Cuando un presidente actúa como si el país fuera su cuenta personal de Twitter, perdemos margen de maniobra, perdemos aliados tradicionales y quedamos más vulnerables ante cualquier presión externa. La diplomacia ya no sirve para defender intereses nacionales con inteligencia. Sirve, en el mejor de los casos, para alimentar el show interno.
La diplomacia clásica no era cortesía inútil. Era la herramienta que permitía manejar diferencias entre países sin que la población terminara pagando las consecuencias con su trabajo, sus ahorros y su tranquilidad. Hoy esa herramienta está rota. Lo que queda es un mundo más grosero, más impredecible y más estúpido. Un mundo donde el insulto manda más que la razón y donde el sentido común parece haber desaparecido.
Lo peor es que muchos aplauden este desastre como si fuera un signo de valentía o de honestidad y no lo es, la realidad es más simple de lo que uno imagina, y eso es simplemente la renuncia a pensar con la cabeza fría. Es dejar que el ego, el show y las redes decidan por nosotros.
Cuando la diplomacia muere, no gana la soberanía, sino que todo lo contrario, gana la vulnerabilidad, la fragilidad y la decadencia de un pueblo . Y como siempre, la que termina pagando, es la gente de a pie.
Eso es lo que estamos viviendo y conviene mirarlo de frente, sin anestesia.
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Ivone Alves García
Productora general | AsiaTV
Productora general y gestora cultural especializada en cooperación internacional y comunicación geopolítica. Cofundadora y productora general de AsiaTV, plataforma dedicada al análisis geopolítico y la cooperación internacional. Ha coordina

